Dance Latinoamérica
U: Ariel Curtis T: 2007-07-30

Desde siempre, esa manifestación del pensamiento artístico a la que llamamos música, se ha expresado por medio de las voces humanas o de instrumentos especialmente construidos para tal fin, siguiendo especificaciones acústicas y sujetos, obviamente, a un patrón cultural; el siglo XX trajo consigo, en medio de tantas rupturas y revoluciones, poderosos vientos de cambio para este milenario concepto.

En 1913 el pintor futurista italiano Luigi Russolo, concibió la idea de utilizar los ruidos cotidianos de la era industrial para elaborar una nueva forma de expresión musical, en su "Manifesto dell´Arte dei rumori”, conceptualmente influido por la poesía de Marinetti, establece una serie de categorías para los distintos tipos de ruidos (intonarumori) y los clasifica en 6 familias: 1) Tonos, explosiones, estrépitos. 2) Silbidos y siseos. 3) Murmullos, gorgoteos y susurros. 4) Estridencias y crepitaciones. 5) Percusión sobre metales, piedras, maderas. 6) Voces de animales, voces humanas, gritos, gemidos y risas.

Además de componer varias obras como "El despertar de una capital" y " Encuentro de automóviles y aeroplanos", ambas de 1914, L. Russolo inventó diversos aparatos para generar sonidos, entre ellos, un instrumento parecido al órgano capaz de producir pequeños intervalos y numerosos ruidos: el rumorarmonio.

Durante la década del 20´, el genial compositor franco-americano Edgar Varése, produce obras fundamentales como "Amériques" (1920), "Octandre" (1924) o "Intégrales" (1926), que no solamente re dimensionan el concepto tímbrico y el
lenguaje orquestal, sino que representan un punto de inflexión en la música de este siglo y serán el paso ineludible en el camino de lo que, como veremos, vendrá.

A fines de la década del 40´, dos músicos franceses, Pierre Schaeffer y Pierre Henri, dan a conocer en París los frutos de sus experiencias sonoras con aparatos reproductores y grabadores de cinta magnetofónica, nace así la música concreta, ya que es el producto de fenómenos sonoros preexistentes como la voz humana, los instrumentos tradicionales y los sonidos de la naturaleza y la vida cotidiana, solo que manipulados y transformados por medios electroacústicos. La mayoría de estas experiencias se llevan a cabo en la ORTF (Radiodifusión y Televisión Francesa) bajo la dirección de su fundador, P. Schaeffer, quien encarnó el concepto de que no solamente es música la organización lógica de los finos y depurados sonidos, sino que los ruidos, con su estructura inarmónica y sus manifestaciones erráticas y azarosas, también lo son. No es esta una escuela que haya dado una gran cantidad de obras, pero entre las más emblemáticas podemos citar "Estudios de ruidos" (1948) y "Sinfonía para un hombre solo" (1950) de P. Schaeffer y P. Henri respectivamente.

Mientras tanto, hacia el noreste y a orillas del Rhin, se iniciaba otro movimiento que cambiaría en forma definitiva el concepto y la apreciación estética de la música en occidente, además de establecer los lineamientos que conducen directamente hasta el presente: la música electrónica.

En 1950 en la ciudad de Colonia, Alemania y de la mano de Herbert Eimer, se inician algunas de las experiencias más renovadoras en la música de este siglo, ya que la fuente sonora primordial serán los sonidos producidos por los generadores eléctricos, ondas sinusoidales, ruido blanco, etc.; lo renovador es que el compositor puede actuar sobre la producción de su materia prima, de esta manera se llegarán a obtener obras muy rigurosas desde el punto de vista formal y de la organización del material. H. Eimer funda en 1951 el Estudio de Música Electrónica de Colonia, cuyo "manifiesto", por así decirlo, se produjo el 19 de octubre de 1954 en un concierto realizado en los estudios de la Radio de Colonia, donde se presentaron por primera vez, composiciones electrónicas; 7 piezas con una duración total de 28 minutos conformaron este concierto en el cual la novedad no era solamente la música, sino también el hecho de que la audiencia se enfrentaba ante un nuevo tipo de intérprete para quién había sido concebida esa música, el alto parlante. Entre los compositores que participaron con sus obras en este evento, se encuentran algunos de los más importantes que esta corriente musical haya dado, Karel Goeyvaerts, Henri Pousseur, Paul Gredinger, el propio H. Eimert y el que probablemente sea el músico más significativo de esta escuela, el más paradigmático, aquél que elevó la música electrónica a un plano formal y poético tan elevado, que no solamente es una pieza insoslayable en el arte del siglo XX, sino de la historia musical en general: Karlheinz Stockhausen.

Antes de cerrar la presente introducción que se continuará en sucesivas notas, es muy importante recordar que ninguno de los avances estéticos y tecnológicos que se produjeron en la música a partir de la segunda mitad de este siglo, hubieran sido posibles sin la herencia que dejaron, la ruptura de la tonalidad y la organización dodecafónica de Arnold Schöenberg , la exquisita y ascética formalidad de Anton Webern y más atrás aún, la obra inigualable de Claude Debussy, quién no solo fue uno de los músicos más importantes de la edad moderna, sino probablemente el primero y el único que sin otro antecedente que el de su propio genio, abrió, hace ya más de un siglo, la puerta hacia el futuro.

Podría ocurrir que pensáramos que, por sus características y por la materia de la cual se nutre, la aparición de la música electrónica en plena mitad del siglo XX supuso una tremenda revolución estética y cultural, sin embargo no debemos olvidar que al momento de ocurrir esto, ya habían pasado en poco menos de 50 años una enorme cantidad de hechos, escuelas y movimientos; el neoclasicismo, el surrealismo, el cubismo, el fauvismo, el dadaísmo, el modernismo, el futurismo, la ruptura de la tonalidad, el dodecafonismo, el serialismo y toda una gran variedad de "ismos"; varias pequeñas y grandes revoluciones como la rusa del 17´ y la mexicana del 10´, una guerra civil española que comprometió social y políticamente a buena parte de Europa y los EE.UU. , la desintegración del átomo y dos guerras mundiales. Con todo esto, el nacimiento de la música electrónica en plena guerra fría, fue recibido con la frialdad del caso en una década como la del 50´ que hizo justamente de la frialdad, un estilo. Faltaban poco menos de 10 años para que la revolución cubana del 59´ calentara un poco el ambiente iniciando la serie de revoluciones culturales de la década del 60´ y acuñara, quizás para siempre, en la figura de Ernesto "Che" Guevara, el imaginario arquetípico del revolucionario.

Para comprender realmente un movimiento o una escuela, sea del orden que sea, es importante tener en cuenta las pautas y condiciones relacionadas con su procedencia, debemos entonces observar que la música electrónica se origina en la intersección de dos aspectos, uno técnico y otro musical, y que en esta intersección, el aspecto técnico es el que provee el material y ofrece el sustento para la creación musical. En un principio fueron los grabadores de cinta, los mezcladores y los primitivos generadores de sonidos, el trabajo era bastante artesanal, el timbre se construía interviniendo y modificando en forma directa los elementos y componentes de un sonido, es decir sus armónicos, la dinámica se modificaba en tiempo real con reguladores de intensidad y la duración de un sonido se calculaba en longitud de cinta y se cortaba con tijeras; si bien todas estas "labores" estaban supeditadas a una partitura previamente concebida, es fácil entender en esta dependencia del arte al soporte técnico, el por qué hubo de transcurrir un tiempo antes de que pudiéramos hablar de música electrónica y no de sonidos generados electrónicamente con intenciones musicales. En este sentido y tal como ya se ha mencionado en la primera parte, fue sin duda el músico alemán Karlheinz Stockhausen el primero en llevar esta música a un plano artísticamente superior.

Karlheinz Stockhausen
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